La Casa Blanca ha impuesto nuevos aranceles a ciertos chips de computación avanzada, una medida que se interpreta claramente como una herramienta para presionar a las empresas tanto nacionales como extranjeras de aumentar su inversión en su sector de semiconductores. Es más, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, declaró el día 16 que los fabricantes de semiconductores tienen dos opciones para suministrar sus productos en Estados Unidos: pagar los aranceles establecidos o producir en territorio estadounidense.
En este panorama, el Gobierno surcoreano ha manifestado que negociará con Washington dentro del marco de la ficha de datos conjunta cuyo contenido fue acordado por ambos países, que establece el principio de otorgar a Corea del Sur condiciones “no menos favorables” que las aplicadas a otros países clave.
Asimismo analizará con minuciosidad el acuerdo sobre chips, que hace poco cerraron Estados Unidos y Taiwán, para que las empresas de Corea no estén en posiciones desfavorables con relación a sus mayores rivales en el mercado mundial de semiconductores, que en su mayoría son justamente taiwaneses.
La evaluación general, por lo pronto, de las autoridades de Seúl sobre los aranceles impuestos por la Casa Blanca a la importación de determinados chips de computación avanzada es que su impacto será limitado. Sin embargo, no se descarta que el Gobierno estadounidense tome como referencia el pacto al que llegó con Taiwán, consistente en otorgar beneficios arancelarios a cambios de una cuantiosa inversión, y presione a Corea del Sur para que también invierta más agresivamente en su sector de semiconductores.