El Ministerio de Asuntos Exteriores informó el día 17 que el empresario de unos cincuenta años de nacionalidad surcoreana secuestrado el pasado octubre, en su casa de la ciudad filipina de Ángeles, fue asesinado por policías locales.
Según las investigaciones, el hombre murió por asfixia el mismo día de su rapto y, para eliminar las pruebas, los autores del crimen cremaron su cadáver.
En este proceso, los secuestradores solicitaron a la familia del empresario unos 200 millones de wones, de los cuales lograron 120 millones de wones.
El principal sospechoso del asesinato es un policía filipino conocido de la víctima, si bien hay otros 4 involucrados, todos oficiales de Policía.